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Día cuadragésimo

    Día 40 del Apocalipsis, San Jorge, hoy tocan también otros santos, pero es que este santo tiene más fama, pero no olvidaros de felicitar a los Marolo y a los Adalberto. Jueves de Pascua, hoy en el salmo cantarán lo de «cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas» lo que me viene a propósito porque nuestro poeta de hoy perteneció al grupo Cántico.

    Es común la observación del deterioro y la sensación de pérdida. El soneto de Quevedo que empieza «Miré los muros de la patria mía, / si un tiempo fuertes ya desmoronados / de la carrera de la edad cansados / por quien caduca ya su valentía», o los increíbles versos de Pablo García Baena «Alza la frente y vuelve tu mirada / al apagado astro de la tierra; / ningún augur dijo de tu ruina, / altiva Delfos». La granja derruida de Séneca o Rodrigo Caro diciéndole a Fabio «Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora / campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa». Pero siempre es algo personal, la ruina actual es la mía, pero el mundo sigue y nos ha pasado por encima. Ya sé que es común sentir que si mi mundo se acaba, se acaba el mundo (aunque ya os cité a Brodsky afirmando «No vendrá el diluvio detrás de nosotros»), «cada generación construye su ciudad» nos decía Aviador Dro en “Brigada de demolición”, pero es que parece que ahora sí se acaba el mundo.

    El poema Delfos de García Baena es largo, pero me parece impresionante, así que disculpadme. Si preferís escucharlo lo tenéis en https://youtu.be/nwcJhhFGc_w el anciano del centro es Pablo García Baena, el vídeo es del 17 y tenía ya 94 años. El poema es de su libro “Antes que el tiempo acabe” publicado en 1978

    «Alza la frente de almenados bucles
    entre montañas, roto perfil póstumo,
    cuyos cabellos negros como el bosque
    carmena el lobo.

    Alza la frente y vuelve tu mirada
    al apagado astro de la tierra;
    ningún augur dijo de tu ruina,
    altiva Delfos.

    Inertes aras tenazmente mudas
    ocultan signos, amordazan lenguas,
    mientras altos vigilan al acecho
    feroces dioses.

    ¿Dónde tu voz? Carneros otomanos
    gotearon su lardo por tus mármoles
    y el exarca cubrió de joyas bárbaras
    apoxiomenos.

    Crecieron tus laureles para el cónsul,
    el dux, el victorioso, los tiranos;
    te asolaron sacrílegas pezuñas
    del bestiario.
    Olvido fue cerniendo las arenas.
    Fugaz nube es la púrpura… Fielmente
    el jaramago erige gualdas flautas,
    hímnicos cantos.

    ¿Qué esperas del oráculo, Pablo García Baena,
    si tu vida es recuerdo, tapiado columbario
    donde un cadáver se deshace
    celosamente embalsamado por ti de algalias olorosas
    y están tus pasos numerados como un libro
    que dudoso repasas a la lámpara
    y donde sólo falta el colofón
    y las exequias en final viñeta?
    ¿Qué intentas que te diga esa velada Pitia,
    esa obstinada esperanza furiosa
    que se remueve como alimaña entre el heno segado,
    si para ti ya ha muerto el amor y los días
    son naipes que abandonas de un juego ya perdido?
    ¿Qué haces en la noche de Delfos,
    junto al abismo que arañan los olivos,
    con el lejano pavés del mar sagrado
    centelleante a la indecisa luna
    y el canto de los alemanes de un «tour»
    profanando la calma augusta de las piedras?
    Si ya el aviso de la anocheciente corneja
    sonó lóbrego
    y Apolo huyó de ti llevándose la luz,
    ¿no será esta la noche del balance,
    noche de la balanza donde arrojes tus días,
    los mortales obsequios oferentes,
    solitario, pobre, triste, casi cincuenta años,
    tímido, huraño, callado y sonriente
    Pablo García Baena?

    Despójate del íntimo pingajo,
    del último jirón, tiernos harapos
    enmadreciendo heridas, zarpas, gritos,
    y avanza solo en la noche hacia el enigma,
    desnudo hacia la voz, al desolado
    carril de tu destino. Miente, habla,
    silente trípode.»

    Cuando cerró la biblioteca de Cultura Hispánica me quedé con 4 o 5 libros, este es uno de ellos, repasándolo estos días he encontrado las tarjetas de embarque de Lanzarote donde estuvimos en 2005. Desde entonces no lo había leído aunque Delfos siempre lo he tenido presente, anoche lo volví a leer (es cortito, veintipocos poemas) y volvió a parecerme asombroso «¿A quién pediremos noticias de Córdoba? / Porque las piedras que amabas a la tarde han sido derribadas, / talados los cipreses y su claustro de salmos silencioso»,

    Ayer buscando cosas pude ver este vídeo del Instituto Cervantes (por cierto tienen un canal en Youtube impresionante) https://youtu.be/3BE2362IjtM, es muy largo (se va a la hora y media) pero está muy bien para conocer un poco a García Baena.

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