Desde la congregación de los Kotskas hasta casa, a paso no muy ligero y con una parada en la tómbola de la plaza, se consumía un refresco Bragulat untado en regaliz (Zara no, de uno duro indisoluble). El refresco, un polvo amarillo, era fabricado, diez años después, por aquellas mujeres que faltaban un 14 de abril de 1959 según anuncio de La Vanguardia. Ahora, en sobres más pequeños, el bicarbonato y el ácido cítrico me devuelven un tiempo sin luz lleno de luces, de cohetes que siempre eran el mismo cohete en los cromos del chicle Cosmos —de regaliz—. Todo el mismo año de la bicicleta y el Apolo 11.
